jueves, 7 de abril de 2016

bien quiza esta no sea la historia con la que queria empezar pero es la que tengo a la mano espero y les guste.

UNA DECISIÓN DIFÍCIL

Ciudad de México, octubre, 28 de 2014.

El cielo está nublado, no puedo ver los rayos del, lo único que alcanzo a notar son las nubes moviéndose al compás del viento.
Mientras camino siento la brisa fría rozar mi rostro, en mi cabeza hay mil cosas dando vueltas, pero la principal es, ¿seguiré estudiando o mejor me dedicaré al trabajo?
Hace ya 3 meses que mamá enfermó, le han diagnosticado una parálisis facial, hace 3 meses que el dinero que entra no alcanza para nada, por culpa de esto, en lugar de que mamá mejore cada vez empeora, ya no hay dinero para útiles, pasajes, ni siquiera para comida, el poco dinero que tenía ahorrado ya se ha terminado, tampoco hay trabajo en el salón los fines de semana, en verdad ya no hay dinero.
Ciudad de México, noviembre, 03 de 2014.
Llevo una semana trabajando después de clases, no creo poder estudiar y trabajar al mismo tiempo, se está volviendo una carga pesada, lo poco o mucho que me pagan por las 6 horas que trabajo sigue sin alcanzar, cada vez el precio de las terapias es más elevado y los medicamentos, no se digan 3 bocas que alimentar, pagar doctor, pasajes y estudios de mi hermana y míos es mucho gasto, pero  al menos tanto esfuerzo está valiendo la pena, mi madre está mejorando y eso me hace sentir algo de alivio interior.

Ciudad de México, noviembre, 10 de 2014.

De nuevo le he vuelto a cancelar a Brandon nuestra cita, no lo puedo creer ni siquiera tengo tiempo para verlo aunque sea los días sábados, entre estudiar para los exámenes y trabajar medio día no tengo tiempo para mí, ¡que estrés tengo!. De nuevo empiezo con los dolores de cabeza, y otra vez ronda una idea por mi cabeza:
“Si no puedes estudiar y trabajar al mismo tiempo, ¿para qué te presionas?, mejor decide, ¿trabajas o estudias?, pero no puedes hacer las 2 al mismo tiempo...”
Voy de regreso a casa, suena mi celular, reviso quién me habla y me doy cuenta que es de mi casa, contesto y es mi tía, mi madre se ha puesto grave y la han trasladado al hospital.
En ese momento me encontraba como a 20 minutos del hospital y en lugar de esperar el autobús decido correr con un destino fijo, llegar al hospital lo más rápido posible.

Ciudad de México, noviembre 11 de 2014.

Son ya las 3 de la mañana, y aun no sé nada de mi madre, desde las 2 de la tarde que llegué al hospital no dejo de dar vueltas en la sala de espera, es que, cómo es posible que aún no me den informes de cómo se encuentra mi madre, casi dando las 11 ya no aguantaba la situación; así que le hablé a Brandon y le conté lo que pasaba, no tardó más de 30 minutos en llegar al hospital y desde entonces ha sido mi compañía, ya tengo más de 12 horas aquí y como 5 horas llorando no he podido dejar de hacerlo, tal es mi preocupación, que no puedo dejar de llorar, él me pide que me tranquilice, pero me es imposible, no puedo hacer tal cosa.
Se acerca un doctor y pregunta:
-Familiares de la señora Reyna Domínguez.
Me levanto corriendo, Brandon detrás de mí tratando de detener todos mis movimientos desenfrenados, le preguntó:
- Doctor, ¿Cómo se encuentra mi madre?
-Señorita por favor tranquilícese, vamos a sentarnos, su madre se encuentra bien, ya pudimos controlarle la alteración que tuvo en el azúcar, pero debe quedarse aún más tiempo en observación.
Lo llaman y se retira, Brandon me atrae, me abraza y me besa en la frente y luego me dice:
-Ves amor te dije que todo iba a estar bien que tranquilizaras.
No tengo la capacidad para contestarle, solo dejo que me abrace y que siga besándome la frente, no sé en verdad que decirle palabras ya no tengo, lo único que me quedan son lágrimas.
Ciudad de México, noviembre, 19 de 2014.

Han pasado ya 8 días desde que mi madre estuvo internada y 5 días desde que la dieron de alta, desde entonces se ha encontrado estable, hoy como todos los días, antes de salir de casa, sobre el buró le he dejado sus medicamentos ordenados, además un sándwich, fruta picada y un vaso de jugo de naranja, para que en cuanto despierte desayune y tome sus medicamentos como dijo el doctor que lo tenía que hacer.
Ya voy camino al trabajo haciendo memoria de lo que hice en la escuela, empezando por ¿Cuántas clases me dormí?, Sarahí dijo que sólo 2 pero yo pienso que fueron más, y para el colmo, hay una idea que me da vueltas en la cabeza, durante la última clase que fue la de Formación Cívica y Ética nos llevaron a la sala de audio visual a escuchar una plática, las personas que la dieron eran colaboradores del INEGI, la conferencia era para darnos a conocer las estadísticas de un tema que a nuestra edad es muy relevante, y en este caso me concierne mucho a mí, ¿cuántos jóvenes de nuestra edad promedio, estudian?, y ¿cuántos trabajan?, me parece que si tenía mucho que ver conmigo y estos fueron los datos que nos dieron:
“Los adolescentes de 14 a 19 años que trabajan en México suman 3 millones 787 mil 985, lo que representa 8.4 por ciento de la población ocupada del país, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
En el año 2000, el 33 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 24 años asistía a la escuela, en 2014 el 44 por ciento de personas en estas edades acude a algún centro educativo. La diferencia por sexo es de poco más de un punto porcentual con el 45 por ciento de hombres y el 44 por ciento de mujeres.
El resto de la población que sobra de este dato se divide en dos grandes grupos el primero pertenece al grupo de jóvenes conocidos como NiNis (ni estudian, ni trabajan) que abordan el 25.5 por ciento y el segundo pertenecen a jóvenes que estudian y trabajan que abordan el 22.6 por ciento”.
Las cifras que estas personas nos habían dado a conocer me trastornaron más de lo pensado, yo pertenecía al 22.6 por ciento de jóvenes que estudian y trabajan, pero ya no era capaz de aguantar este ritmo, según la situación mi estado cambiaria, podría volverme parte de los jóvenes que solo estudian o solo trabajan, la verdad, no sé qué hacer, si yo dejo de trabajar el sustento dejaría de entrar a mi hogar, pero además, sé que mi madre no me perdonaría jamás que yo dejara de estudiar por trabajar y esto haría que de nuevo recayera y eso no quiero que suceda, no me lo perdonaría si mi madre empeora por mi culpa es algo que jamás me perdonaría a mí misma.
He llegado al trabajo no puede ser hay demasiadas cosas que hacer, y además, tengo demasiados trabajos que entregar mañana y ni siquiera he podido sentarme para colocar la fecha en alguno de estos, mis pies ya no pueden más, jamás pensé que en un día relativamente normal a mitad de la semana pudiera ver tanta gente en el restaurante, en verdad no he podido ni sentarme 5 minutos, tratare de apurarme a ver si en un rato más esto se calma y puedo empezar con las tareas.
Ciudad de México, noviembre, 20 de 2014.

Anoche no pude dormir tantas cosas que hacer, salí tarde del trabajo, llegué a las 11 a mi casa y además llegué a terminar los proyectos, terminé de realizarlos a las 3 de la mañana, me acosté un rato y a las 5 levántate, báñate, arréglate y sal de casa camino a la escuela; voy en el autobús, casi me voy durmiendo, me pesan los párpados pero debo de ser fuerte; saliendo del colegio debo de ir a trabajar y además tengo que hacer todo lo posible por salir antes de las 6 de la tarde, tengo que llevar a mi madre a su consulta para ver que tanto ha mejorado.
Me he vuelto a quedar dormida en las primeras 3 clases, Sarahí hace todo lo posible para que ambas tengamos los apuntes y no me meta en problemas con los profesores, pero no es capaz de escribir y realizar ejercicios por 2.
En la clase de Matemáticas, el profesor me mandó con mi asesora, la profesora Adriana, me preguntó ¿qué es lo que me pasaba?, porque últimamente me he quedado dormida en clase; mi respuesta es concreta y tal es la confianza que le tengo que le platicó como está mi situación, pero no soy capaz de contárselo sin llorar, es tan grave el dolor que me causa saber que mi madre está enferma y no saben cómo vaya a seguir su situación, ella, no encuentra las palabras claras que decirme, solo es capaz de decirme que mantenga la calma, que ante todo siempre esté serena y firme a las circunstancias, que todo va a mejorar, pero, ella como lo va a saber, si ni siquiera el doctor que atiende a mi madre es capaz de determinar su situación.
La profesora me manda a orientación para que vean si necesitaré estudiar desde casa para que la presión que estoy sintiendo no sea tan fuerte y afecte mi salud, pero lo único que he conseguido es un nuevo regaño por parte del orientador, además me ha hecho la misma pregunta que yo me hago:
-A ver, dime Angélica, qué prefieres, ¿estudiar o trabajar?, los 2 estamos conscientes que tu cuerpo y tu mente no aguantará más tiempo al realizar ambas cosas.
Me quedo callada un buen rato, haciéndole creer que medito la pregunta para poder dar una respuesta concreta, pero en realidad no lo hago, solo estoy pensando cómo realizar mis deberes del trabajo para que me dé tiempo de llevar a mi madre al doctor, y en ese momento el orientador interrumpe mis pensamientos y me dice:
-Y bien, ¿qué has pensado?- A lo que yo respondo.
-No le mentiré profesor José, no soy capaz de tomar una decisión tan agresiva y difícil, si yo decidiera seguir estudiando, de todos modos lo dejaría de hacer, porque al no trabajar ya no entrarían ingresos a mi familia y ya no tendría la oportunidad de seguir estudiando; en cambio, si yo decidiera trabajar, estancaría mis estudios que yo sé, tengo muy claro que también sería una grave decisión con reacciones secundarias muy fuertes para mi madre, no sería una muy buena noticia o algo que le gustaría escuchar de mi parte.
-El orientador se quedó impactado, jamás creyó que contestaría algo así, o al menos pensó que yo diría, o más bien, que solo elegiría una de las 2.
-¿Puedo retirarme?-. Fue lo único que le pude decir al ver que ya no sabía qué decirme.
-Sí claro, pero de todos modos, piensa en la pregunta que te hice, yo sé que eres muy inteligente y que sabes tomar decisiones por más difícil que parezca-.
Las palabras del profesor las he traído toda la mañana en la cabeza, ¿en verdad seré tan buena, como para tomar decisiones tan difíciles?, no lo sé, pero ahorita para mí lo más importante es saber cómo le haré para salir temprano del trabajo.
Son ya las 4:30, solo tengo media hora para acabar mis deberes, si es que quiero salir temprano, me falta acomodar los vasos en el bar y dejar la jarra de clericot preparada. Sí acabé a tiempo, sí podré acompañar a mi madre al doctor.
Vamos camino al hospital, mi madre ya puede hablar más claro, ya puede comer, puede reírse sin sentir molestia alguna, eso me hace sentir feliz, eso es un gran progreso en su salud, hemos llegado, estamos sentadas en la sala de espera, donde hace ya como 10 días que había estado llorando de dolor por no saber nada de ella y ahora, estaba en este mismo lugar pero hoy me acompaña ella misma; el doctor la llama y pasamos al consultorio, él, la revisa y me da la buena noticia de que ya se ha recuperado por completado, pero por precaución, debe de descansar todavía un mes más.
Mi madre está feliz por la noticia que el doctor le ha dado, yo me siento tranquila, mi madre ya está bien por completo y eso alivia parte de mi preocupación, pero de  todos modos todavía no puede trabajar.
Regresamos a casa en silencio, sin hacer ningún tipo de comentario, estando ya en casa, reunimos a todos y les damos la buena noticia, sentí tan bonito cuando mi hermana corrió a abrazarla y se soltó a llorar de alegría en sus brazos.
Me encuentro a solas con mi madre y me pregunta lo mismo que el orientador:
-Mi niña, debes de tomar una decisión, no puedes seguir estudiando y trabajando, te está haciendo daño, así que,  estudias o trabajas.
Esta vez, en verdad medito la pregunta con toda la seriedad, pero hay nuevos elementos para contar, mi madre ya está bien pero debe de reposar todavía un mes, tiene toda la razón ya no puedo estudiar y trabajar al mismo tiempo, así que esta vez le respondo.
-Madre, ya no trabajaré, poco a poco saldremos adelante este mes, estoy dispuesta a recuperar mis calificaciones, he decidido no estancar lo que más me gusta hacer, he decidido seguir adelante con mis estudios, como tú me has dicho demasiadas veces, lo único que me has de heredar son mis estudios y además yo sé bien que es lo único que tengo seguro para poder vivir de una forma estable, pues sin estudios, más adelante yo no conseguiré trabajo sin un papel que avale que tengo la capacitación para lo que yo quiero desempeñar; así que, he decidido seguir estudiando.
Mi madre no tiene palabras, solo me ha regalado una sonrisa de satisfacción por mi decisión y de sus ojos veo desbordar lágrimas, pero yo sé que esas lágrimas son de alegría y no de tristeza, así que me acerco, la abrazo y solo siento el delicado detalle del beso que ha posado en mi frente.