bien quiza esta no sea la historia con la que queria empezar pero es la que tengo a la mano espero y les guste.
UNA DECISIÓN DIFÍCIL
Ciudad
de México, octubre, 28 de 2014.
El cielo está nublado, no
puedo ver los rayos del, lo único que alcanzo a notar son las nubes moviéndose
al compás del viento.
Mientras camino siento la
brisa fría rozar mi rostro, en mi cabeza hay mil cosas dando vueltas, pero la
principal es, ¿seguiré estudiando o mejor me dedicaré al trabajo?
Hace ya 3 meses que mamá
enfermó, le han diagnosticado una parálisis facial, hace 3 meses que el dinero
que entra no alcanza para nada, por culpa de esto, en lugar de que mamá mejore
cada vez empeora, ya no hay dinero para útiles, pasajes, ni siquiera para
comida, el poco dinero que tenía ahorrado ya se ha terminado, tampoco hay
trabajo en el salón los fines de semana, en verdad ya no hay dinero.
Ciudad
de México, noviembre, 03 de 2014.
Llevo una semana trabajando
después de clases, no creo poder estudiar y trabajar al mismo tiempo, se está
volviendo una carga pesada, lo poco o mucho que me pagan por las 6 horas que
trabajo sigue sin alcanzar, cada vez el precio de las terapias es más elevado y
los medicamentos, no se digan 3 bocas que alimentar, pagar doctor, pasajes y
estudios de mi hermana y míos es mucho gasto, pero al menos tanto esfuerzo está valiendo la
pena, mi madre está mejorando y eso me hace sentir algo de alivio interior.
Ciudad
de México, noviembre, 10 de 2014.
De nuevo le he vuelto a
cancelar a Brandon nuestra cita, no lo puedo creer ni siquiera tengo tiempo
para verlo aunque sea los días sábados, entre estudiar para los exámenes y
trabajar medio día no tengo tiempo para mí, ¡que estrés tengo!. De nuevo
empiezo con los dolores de cabeza, y otra vez ronda una idea por mi cabeza:
“Si no puedes estudiar y
trabajar al mismo tiempo, ¿para qué te presionas?, mejor decide, ¿trabajas o
estudias?, pero no puedes hacer las 2 al mismo tiempo...”
Voy de regreso a casa, suena
mi celular, reviso quién me habla y me doy cuenta que es de mi casa, contesto y
es mi tía, mi madre se ha puesto grave y la han trasladado al hospital.
En ese momento me encontraba
como a 20 minutos del hospital y en lugar de esperar el autobús decido correr
con un destino fijo, llegar al hospital lo más rápido posible.
Ciudad
de México, noviembre 11 de 2014.
Son ya las 3 de la mañana, y
aun no sé nada de mi madre, desde las 2 de la tarde que llegué al hospital no
dejo de dar vueltas en la sala de espera, es que, cómo es posible que aún no me
den informes de cómo se encuentra mi madre, casi dando las 11 ya no aguantaba
la situación; así que le hablé a Brandon y le conté lo que pasaba, no tardó más
de 30 minutos en llegar al hospital y desde entonces ha sido mi compañía, ya
tengo más de 12 horas aquí y como 5 horas llorando no he podido dejar de
hacerlo, tal es mi preocupación, que no puedo dejar de llorar, él me pide que
me tranquilice, pero me es imposible, no puedo hacer tal cosa.
Se acerca un doctor y
pregunta:
-Familiares de la señora
Reyna Domínguez.
Me levanto corriendo,
Brandon detrás de mí tratando de detener todos mis movimientos desenfrenados,
le preguntó:
- Doctor, ¿Cómo se encuentra
mi madre?
-Señorita por favor
tranquilícese, vamos a sentarnos, su madre se encuentra bien, ya pudimos
controlarle la alteración que tuvo en el azúcar, pero debe quedarse aún más
tiempo en observación.
Lo llaman y se retira,
Brandon me atrae, me abraza y me besa en la frente y luego me dice:
-Ves amor te dije que todo
iba a estar bien que tranquilizaras.
No tengo la capacidad para
contestarle, solo dejo que me abrace y que siga besándome la frente, no sé en
verdad que decirle palabras ya no tengo, lo único que me quedan son lágrimas.
Ciudad
de México, noviembre, 19 de 2014.
Han pasado ya 8 días desde
que mi madre estuvo internada y 5 días desde que la dieron de alta, desde
entonces se ha encontrado estable, hoy como todos los días, antes de salir de
casa, sobre el buró le he dejado sus medicamentos ordenados, además un
sándwich, fruta picada y un vaso de jugo de naranja, para que en cuanto
despierte desayune y tome sus medicamentos como dijo el doctor que lo tenía que
hacer.
Ya voy camino al trabajo
haciendo memoria de lo que hice en la escuela, empezando por ¿Cuántas clases me
dormí?, Sarahí dijo que sólo 2 pero yo pienso que fueron más, y para el colmo,
hay una idea que me da vueltas en la cabeza, durante la última clase que fue la
de Formación Cívica y Ética nos llevaron a la sala de audio visual a escuchar
una plática, las personas que la dieron eran colaboradores del INEGI, la conferencia
era para darnos a conocer las estadísticas de un tema que a nuestra edad es muy
relevante, y en este caso me concierne mucho a mí, ¿cuántos jóvenes de nuestra
edad promedio, estudian?, y ¿cuántos trabajan?, me parece que si tenía mucho
que ver conmigo y estos fueron los datos que nos dieron:
“Los adolescentes de 14 a 19
años que trabajan en México suman 3 millones 787 mil 985, lo que representa 8.4
por ciento de la población ocupada del país, según cifras del Instituto
Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
En el año 2000, el 33 por
ciento de los jóvenes de entre 15 y 24 años asistía a la escuela, en 2014 el 44
por ciento de personas en estas edades acude a algún centro educativo. La
diferencia por sexo es de poco más de un punto porcentual con el 45 por ciento
de hombres y el 44 por ciento de mujeres.
El resto de la población que
sobra de este dato se divide en dos grandes grupos el primero pertenece al
grupo de jóvenes conocidos como NiNis (ni estudian, ni trabajan) que abordan el
25.5 por ciento y el segundo pertenecen a jóvenes que estudian y trabajan que
abordan el 22.6 por ciento”.
Las cifras que estas
personas nos habían dado a conocer me trastornaron más de lo pensado, yo pertenecía
al 22.6 por ciento de jóvenes que estudian y trabajan, pero ya no era capaz de
aguantar este ritmo, según la situación mi estado cambiaria, podría volverme parte
de los jóvenes que solo estudian o solo trabajan, la verdad, no sé qué hacer,
si yo dejo de trabajar el sustento dejaría de entrar a mi hogar, pero además, sé
que mi madre no me perdonaría jamás que yo dejara de estudiar por trabajar y
esto haría que de nuevo recayera y eso no quiero que suceda, no me lo
perdonaría si mi madre empeora por mi culpa es algo que jamás me perdonaría a mí
misma.
He llegado al trabajo no puede ser hay demasiadas cosas que hacer, y además, tengo demasiados trabajos que entregar mañana y ni siquiera he podido sentarme para colocar la fecha en alguno de estos, mis pies ya no pueden más, jamás pensé que en un día relativamente normal a mitad de la semana pudiera ver tanta gente en el restaurante, en verdad no he podido ni sentarme 5 minutos, tratare de apurarme a ver si en un rato más esto se calma y puedo empezar con las tareas.
He llegado al trabajo no puede ser hay demasiadas cosas que hacer, y además, tengo demasiados trabajos que entregar mañana y ni siquiera he podido sentarme para colocar la fecha en alguno de estos, mis pies ya no pueden más, jamás pensé que en un día relativamente normal a mitad de la semana pudiera ver tanta gente en el restaurante, en verdad no he podido ni sentarme 5 minutos, tratare de apurarme a ver si en un rato más esto se calma y puedo empezar con las tareas.
Ciudad
de México, noviembre, 20 de 2014.
Anoche no pude dormir tantas
cosas que hacer, salí tarde del trabajo, llegué a las 11 a mi casa y además
llegué a terminar los proyectos, terminé de realizarlos a las 3 de la mañana,
me acosté un rato y a las 5 levántate, báñate, arréglate y sal de casa camino a
la escuela; voy en el autobús, casi me voy durmiendo, me pesan los párpados
pero debo de ser fuerte; saliendo del colegio debo de ir a trabajar y además
tengo que hacer todo lo posible por salir antes de las 6 de la tarde, tengo que
llevar a mi madre a su consulta para ver que tanto ha mejorado.
Me he vuelto a quedar
dormida en las primeras 3 clases, Sarahí hace todo lo posible para que ambas
tengamos los apuntes y no me meta en problemas con los profesores, pero no es
capaz de escribir y realizar ejercicios por 2.
En la clase de Matemáticas,
el profesor me mandó con mi asesora, la profesora Adriana, me preguntó ¿qué es
lo que me pasaba?, porque últimamente me he quedado dormida en clase; mi
respuesta es concreta y tal es la confianza que le tengo que le platicó como
está mi situación, pero no soy capaz de contárselo sin llorar, es tan grave el
dolor que me causa saber que mi madre está enferma y no saben cómo vaya a
seguir su situación, ella, no encuentra las palabras claras que decirme, solo
es capaz de decirme que mantenga la calma, que ante todo siempre esté serena y
firme a las circunstancias, que todo va a mejorar, pero, ella como lo va a
saber, si ni siquiera el doctor que atiende a mi madre es capaz de determinar
su situación.
La profesora me manda a
orientación para que vean si necesitaré estudiar desde casa para que la presión
que estoy sintiendo no sea tan fuerte y afecte mi salud, pero lo único que he
conseguido es un nuevo regaño por parte del orientador, además me ha hecho la
misma pregunta que yo me hago:
-A ver, dime Angélica, qué
prefieres, ¿estudiar o trabajar?, los 2 estamos conscientes que tu cuerpo y tu
mente no aguantará más tiempo al realizar ambas cosas.
Me quedo callada un buen
rato, haciéndole creer que medito la pregunta para poder dar una respuesta
concreta, pero en realidad no lo hago, solo estoy pensando cómo realizar mis
deberes del trabajo para que me dé tiempo de llevar a mi madre al doctor, y en
ese momento el orientador interrumpe mis pensamientos y me dice:
-Y bien, ¿qué has pensado?-
A lo que yo respondo.
-No le mentiré profesor José,
no soy capaz de tomar una decisión tan agresiva y difícil, si yo decidiera
seguir estudiando, de todos modos lo dejaría de hacer, porque al no trabajar ya
no entrarían ingresos a mi familia y ya no tendría la oportunidad de seguir
estudiando; en cambio, si yo decidiera trabajar, estancaría mis estudios que yo
sé, tengo muy claro que también sería una grave decisión con reacciones
secundarias muy fuertes para mi madre, no sería una muy buena noticia o algo
que le gustaría escuchar de mi parte.
-El orientador se quedó
impactado, jamás creyó que contestaría algo así, o al menos pensó que yo diría,
o más bien, que solo elegiría una de las 2.
-¿Puedo retirarme?-. Fue lo
único que le pude decir al ver que ya no sabía qué decirme.
-Sí claro, pero de todos
modos, piensa en la pregunta que te hice, yo sé que eres muy inteligente y que
sabes tomar decisiones por más difícil que parezca-.
Las palabras del profesor
las he traído toda la mañana en la cabeza, ¿en verdad seré tan buena, como para
tomar decisiones tan difíciles?, no lo sé, pero ahorita para mí lo más
importante es saber cómo le haré para salir temprano del trabajo.
Son ya las 4:30, solo tengo
media hora para acabar mis deberes, si es que quiero salir temprano, me falta
acomodar los vasos en el bar y dejar la jarra de clericot preparada. Sí acabé a
tiempo, sí podré acompañar a mi madre al doctor.
Vamos camino al hospital, mi
madre ya puede hablar más claro, ya puede comer, puede reírse sin sentir
molestia alguna, eso me hace sentir feliz, eso es un gran progreso en su salud,
hemos llegado, estamos sentadas en la sala de espera, donde hace ya como 10 días
que había estado llorando de dolor por no saber nada de ella y ahora, estaba en
este mismo lugar pero hoy me acompaña ella misma; el doctor la llama y pasamos
al consultorio, él, la revisa y me da la buena noticia de que ya se ha
recuperado por completado, pero por precaución, debe de descansar todavía un
mes más.
Mi madre está feliz por la
noticia que el doctor le ha dado, yo me siento tranquila, mi madre ya está bien
por completo y eso alivia parte de mi preocupación, pero de todos modos todavía no puede trabajar.
Regresamos a casa en
silencio, sin hacer ningún tipo de comentario, estando ya en casa, reunimos a
todos y les damos la buena noticia, sentí tan bonito cuando mi hermana corrió a
abrazarla y se soltó a llorar de alegría en sus brazos.
Me encuentro a solas con mi
madre y me pregunta lo mismo que el orientador:
-Mi niña, debes de tomar una
decisión, no puedes seguir estudiando y trabajando, te está haciendo daño, así
que, estudias o trabajas.
Esta vez, en verdad medito
la pregunta con toda la seriedad, pero hay nuevos elementos para contar, mi
madre ya está bien pero debe de reposar todavía un mes, tiene toda la razón ya
no puedo estudiar y trabajar al mismo tiempo, así que esta vez le respondo.
-Madre, ya no trabajaré,
poco a poco saldremos adelante este mes, estoy dispuesta a recuperar mis
calificaciones, he decidido no estancar lo que más me gusta hacer, he decidido
seguir adelante con mis estudios, como tú me has dicho demasiadas veces, lo
único que me has de heredar son mis estudios y además yo sé bien que es lo
único que tengo seguro para poder vivir de una forma estable, pues sin
estudios, más adelante yo no conseguiré trabajo sin un papel que avale que
tengo la capacitación para lo que yo quiero desempeñar; así que, he decidido
seguir estudiando.
Mi madre no tiene palabras,
solo me ha regalado una sonrisa de satisfacción por mi decisión y de sus ojos
veo desbordar lágrimas, pero yo sé que esas lágrimas son de alegría y no de
tristeza, así que me acerco, la abrazo y solo siento el delicado detalle del
beso que ha posado en mi frente.